06-06-2006 02:34:46
No se si sólo me ocurre a mi, pero últimamente me preocupo cuando me alteran los planes, me cancelan una reunión o simplemente tengo un tiempito libre que jamás había programado en mi agenda… ¿síntomas de envejecimiento prematuro? ¿Achaques de la globalización? ¿Incapacidad para relajarme y disfrutar?
Unos días atrás, en una de esas situaciones desesperadas… sin pendientes, ni obligaciones caminaba a mi casa y al pasar por un salón de belleza, peluquería, spa o como se les diga en estos días me decidí a cortar un poco mi cabello, sólo las puntas me dije, serán unos 3 o 4 dedos nada más, mi cabello seguirá tan largo como me gusta...
Le expliqué a la señorita que ya tenía en sus manos unas tijeras muy finas que solo quería un corte en V, para que mi cabello no se vea como una masa amorfa, sino que los risos cayeran libres sin hacer tanto bulto. Le dije que no buscaba un radical cambio de look, sino emparejar las puntas, librarme de las temidas puntas secas y quebradisas (¿a que shampoo pertenece esa frase?) y entonces le confié mi melena con sentido propio y autonomía capilar.
Cuando la señorita estilista me mostró su obra de arte, el espejo frente a mi me devolvió mi expresión de terror… El largo de mi cabello disminuyó notablemente, ahora se encontraba sobre mis hombros, rozando las orejas.
Creo que la señorita en cuestión no hablaba español, pues cortarme las puntas no hizo... no cortó los 4 dedos que le solicité, ¡cortó 8 dedos! Mis largos rizos reposaban en el fondo de la basura y yo no podía rescatalarlos para pegarlos con silicon… Encima de todo yo debía pagarle $10 por mutilar mi cabello sin opción a reclamo por su falta de atención a mis indicaciones… tengo que acostumbrarme ahora a llevarlo corto…
Me fui de la peluquería masticando mi rabia, ahogando en mi garganta un alarido para la señorita estilista: Qué parte de cortame las puntas no entendiste!
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